Todo comenzó un 17 de diciembre. Ese día Mohamed Bouazizi, un joven tunecino se prendía fuego como protesta por haberle arrebatado su único medio de vida, su carro de venta de verduras. Con esto también encendió la mecha de una revuelta en su país que se ha ido extendiendo al resto del mundo árabe.
El país comenzó a levantarse contra los 23 años de dictadura de Zine el Abidine Ben Ali, que tuvo que abandonar el poder y el país. Este éxito animó a sus vecinos de Egipto a hacer lo mismo, comenzando las protestas contra su dictador, Mubarak, cuyo destino parece ser el mismo que Ben Ali. Estos movimientos se han ido extendiendo a los países vecinos.
El presidente de Yemen ya ha anunciado que no se presentara a la reelección y el de Jordania ha emprendido medidas “democratizadoras”. El pueblo árabe ha comenzado a rebelarse contra las malas condiciones de vida, el abuso de poder y la pobreza en la que están sumidos. Parece que décadas de represión van a finalizar.
Sólo fue necesario un inicio, un pequeño empujón, el que dio Bouazizi con su muerte. Los jóvenes árabes tienen internet, televisión por satélite y saben que la vida fuera de sus países es mejor y que existe la democracia. La muerte del joven fue la gota que colmó el vaso, hizo de algún modo de revulsivo y ya es imparable. Nadie sabe cuáles serán las consecuencias de todo esto pero parece que va para largo, el pueblo árabe quiere países democráticos y con buena calidad de vida y no parece dispuesto a desistir hasta conseguirlo.
miércoles, 9 de febrero de 2011
miércoles, 2 de febrero de 2011
Artículo de opinión presunción de inocencia
Juicios paralelos
La presunción de inocencia ha vuelto a ser obviada en España. José David Baño Lorente fue detenido por la agresión al concejal de cultura de Murcia. Se dio por hecho que él era el culpable, que pertenecía a grupos de extrema izquierda y que ya había sido detenido en 2008. Tras 80 horas de arresto era puesto en libertad porque él ni siquiera estaba en Murcia el día de la agresión.
Esto nos recuerda inevitablemente al caso de Diego Pastrana. A finales de 2009 fue acusado de maltratar y abusar sexualmente de Aitana, la hija de tres años de su pareja sentimental. El médico de guaria al que acudieron declaró que la niña tenía quemaduras, lesiones e indicios de abusos sexuales.
Diego fue linchado públicamente, se le declaró culpable sin haber sido juzgado por ningún tribunal. La mayoría de los medios se ahorró la palabra presunto o supuesto y le trató como a un criminal despreciable. Se dijo que era un canalla, un asesino y que era repugnante que existiera gente como él. Incluso profesionales de prestigio como García-Campoy se llenaron la boca con estos calificativos, declarando cuánto les horrorizaba este tipo de conductas.
Días después fue puesto en libertad sin cargos, se demostró que él cuidaba a la niña como si fuera suya y que su muerte fuese probablemente consecuencia de una caída. Ahora el problema es la vida destrozada de este hombre. Nadie pensó que él era inocente y tuvo que oír auténticas barbaridades que ninguna persona tendría que escuchar. Los medios deberían aprender que su labor es informar y no juzgar.
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